Nathaniel había estado bebiendo por un buen rato, ya que se sentía abatido. Nunca se había sentido así; era como si todo hubiera terminado.
“Hola, guapo. Es muy aburrido beber solo. ¿Por qué no me haces algo de compañía?”. Una mujer atractiva se acercó a Nathaniel y empezó a coquetear con él.
Nathaniel levantó su cabeza para mirar a la mujer, pero no pudo distinguir quién era porque ya estaba bastante borracho. “Claro, por qué no”.
De repente, alguien se acercó y empujó a la mujer a un lado,