Alexander se había apresurado a regresar a casa en mitad de la noche luego de ver el mensaje de Lily. Sin embargo, su esposa no lo miró y solamente se acurrucó en sus brazos. No sabía si debía alegrarse o enojarse con ella.
Estaba contento porque ella estaba dispuesta a acercarse a él, pero también enojado porque lo hacía tan fácilmente. ¿Qué pasaría si la persona que estaba en la cama no fuera Alexander, sino otra?
“Lily. Lily...”, la llamó suavemente al oído.
“¡Cállate! ¡Eres muy ruidoso!”.