Ralph se burló del portero, pero en secreto deseaba que lo dejaran entrar. Preguntó:
—¿Entonces cómo entro? Tengo asuntos urgentes que discutir con ellos. No puedes esperar que espere afuera bajo el sol abrasador, ¿verdad? Si Alex me da permiso, ¿puedo entrar?
El portero quedó desconcertado por la sugerencia, pero insistió:
—Si el señor Russell lo permite, no lo detendremos. Sin embargo, el señor Russell no está en casa.
Ralph, frustrado, exclamó:
—¿Por qué estás siendo obtuso? ¡El h