La atmósfera en el comedor se volvió silenciosa.
Las expresiones del Viejo Señor Walter eran algo feas. Él miró a Luna con frialdad y dijo en un tono poco amistoso: “Se preocupa mucho por la familia Walter, Señorita Luna. Tiene razón. Anteriormente, solo con mi permiso podían usar la prisión”.
Luego, sin llamar la atención, él miró a Alice, cuya cabeza estaba muy agachada.
Su voz era bastante fría: “Pero ahora es diferente. No solo yo tengo autoridad sobre la prisión de la familia Walter, sin