Luna respiró hondo y abrió la puerta con la llave.
La habitación estaba completamente silenciosa.
El sol de la tarde brillaba a través de la pequeña ventana del techo, formando un rayo de luz.
Una mujer con una bata de hospital, con el cabello desordenado, estaba sentada en la esquina con la cabeza enterrada entre las piernas. Estaba tan callada que era como si no existiera.
Luna cerró los ojos con desesperación.
Esa persona no era Aura. Aura no estaría tan callada y sumisa.
Después de un