Roanne nunca pensó que Charlotte traería un arma consigo.
Mientras la sangre brotaba de su cuerpo y el dolor le atravesaba el abdomen, Roanne levantó la cabeza para mirar a Charlotte, con la incredulidad brillando en sus ojos.
Aunque ella sabía mejor que nadie lo cruel y despiadada que Charlotte podía llegar a ser, nunca pensó que ella recurriría en matarla.
Sin embargo, una sonrisa se dibujó en sus labios al ver cómo la sangre brotaba de su abdomen y se escurría por la empuñadura de la daga.