Jim bajó la cabeza y lo único que vio fue el hermoso rostro de Bonnie, inclinado hacia un lado para que él no viera sus lágrimas.
Ella era extremadamente delgada, tanto que su mandíbula parecía ser tallada con un lápiz, tan afilada que ella no necesitaba ningún iluminador o bronceador para acentuarla.
Sus lágrimas brillaban a la luz.
Jim dejó escapar un suspiro, pero por muy reacio que estuviera a hacerlo, él aún extendió su mano.
Cuando su cálida palma se posó sobre su abdomen, todo el cuer