Cuando Luna entró a la Casa del Té, lo primero que salió volando hacia ella fue el cojín que Bonnie había lanzado.
Ella no logró esquivarlo a tiempo, y el cojín aterrizó en su rostro.
No le dolió en absoluto, pero las lágrimas de Luna no se detenía.
Era como si todas las emociones que ella estuvo reprimiendo durante toda la noche al fin se habían estallado.
Ella se acuclilló en la puerta y comenzó a llorar como una niña.
Dentro de la habitación, tanto Jim como Bonnie se aterrorizaron ante e