Luna nunca se imaginó que Joshua pudiera ser tan audaz. Su pecho, duro como una roca estaba apretado contra ella, empujándola hacia el sofá.
La distancia entre los dos era tan increíblemente pequeña que ella podía sentir claramente el calor que emanaba del cuerpo de Joshua, los constantes latidos de su corazón y el ritmo de su respiración.
Su propia respiración se volvió agitada.
Joshua miró sus delicados rasgos con los ojos entrecerrados, con una expresión fría y profunda. "Contéstame, Lu