Pero... Desde el momento en que llegó hasta ahora, Luna no le dedicó ni una mirada más a su gabardina. Él levantó los labios en una sonrisa de autodesprecio y se dio la vuelta para salir, colocando la gabardina sobre su brazo en lugar de ponérsela. Cuando él llegó a la puerta, se detuvo. "Luna, puedes llamarme cuando te arrepientas de tu decisión". Dicho eso, él se alejó.
Luna se sentó en el sofá, observando la espalda del hombre que se retiraba, mientras una sonrisa fría apareció en sus labi