Se decía que Martina armó un escándalo en el hospital, gritando que ella solo estaba haciendo justicia al castigar a la amante, que no había hecho nada malo.
El oficial, harto del alboroto, le espetó:
— ¿De qué diablos estás hablando? ¿Acaso no eres tú la amante?
Martina se quedó paralizada, con la mirada apagada, y murmuró:
— La que no es amada es la amante... la que no es amada es la amante.
El médico, observando la escena, comentó:
— Si te amara, ¿crees que te haría pagar 800,000? ¡Qué sinver