capítulo 56: La primera vez
Emma permanecía de pie junto a la chimenea de granito apagada. Llevaba un vestido sencillo de lino color crema que caía con elegancia sobre su silueta, sin una sola joya que recordara el rango que había ostentado falsamente durante dos años. No había maletas a la vista —todas habían sido enviadas por la mañana a un pequeño departamento en el centro de la ciudad—, pero la atmósfera helada de la estancia gritaba que la separación era final e irreversible.
—Creí que te