Yudith:
Cuando desperté, me tenían amarrada y amordazada en una silla y Xavier estaba igual, sentado justo frente a mí.
Él me miraba, con los ojos cargados de lágrimas, y yo arrugué el entrecejo, notando que no estábamos de regreso al sótano de dónde lo habíamos sacado, sino en la sala de estar de un apartamento.
—Muy buenos días.- canturreó la rubia asesina.
Venía por el pasillo, vistiendo una bata de dormir negra que dejaba nada a la imaginación.
—Que bueno que ya estén despiertos. Realm