Ese día amaneció con intensidad, pero la tensión era oscura realmente desconocía que estaba pasando, había recibido una llamada cuando empezaba amanecer, al parecer la muerte del padre de Raisa trago muchos problemas.
—Leonid, necesitas desayunar— aquello fue como un gruñido, la comida se enfriaría esperando que acabara su llamada.
—Solo un momento.
—Eso lo dijiste hace quince minutos.
Una mueca paso por su rostro, pero pareció bastar para que colgara la llamada; empezó a comer en completo sil