El viaje fue largo, sumamente extenso y duró aproximadamente tres días. En los cuales, pensé a cada segundo que nos emboscarían a mitad de camino y me matarían sin piedad alguna. La mujer, cuyo nombre era Tania, tenía un instinto maternal protector que la hizo querer tranquilizarme cada vez que yo miraba por la ventana con el pánico instalado. Había hecho que me durmiera con las pastillas para el dolor, pero cada vez que me despertaba tenía una pesadilla donde Kat me torturaba sin parar.
Por lo