Nada que hacer

Esperaba paciente dentro del elevador, la planta alta era su objetivo, a primera hora del día había sido llamado para una junta urgente que sinceramente él no tenía nada que ver pero la llamada de la recepcionista parecía urgente, se rasco el tabique de la nariz cuando las puertas del ascensor se volvieron abrir, dejando pasar a un hombre de aproximadamente unos cincuenta años, iba pulcramente vestido con un traje negro y llevaba en su brazo un portafolios repletos de hojas que sobresalían del
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