–¿Por qué haces todo esto? –se atrevió a preguntarle –yo no tengo la culpa de nada… ¡Déjame ir!
–¡Oh! Ahora no te vez, ni te escuchas, tan valiente –Naomi se recargo en la silla oxidada y saco de su chamarra una navaja que obtuvo toda la atención de Madison.
–¡Déjame ir! ¡Por favor, Naomi! Te lo suplico… juro no decir nada a nadie –otro nueva contracción se produjo haciendo caer su cabeza, por ningún motivo quería que Naomi se diera cuenta, tenía miedo, mucho miedo –Te daré lo que quieras… píde