Tras la puerta de aquel cuarto, el ambiente era de pura pasión. Las manos de Ricardo se clavaban en los muslos de Valeria, empotrándola contra la pared.
Ella con las piernas enredadas en su cintura y atacando sus labios con muchísima lujuri@.
La ropa salió volando en segundos, la tomó en sus brazos y la llevó para sentarla sobre el tocador que estaba frente a la cama.
Repartía besos en su clavícula, su barbilla, hasta llegar a sus dulces labios, esos que lo volvían loco, los que tanto había ext