Una ilusion perdida

Giancarlo:

Antonella luego que le pusieron aquella manta de enfriamiento por fin reacciono por unos momentos y comenzó a gritar al sentir las inyecciones. Ahí me acerque y tome la mano. No tardo en quedar dormida otra vez, está vez creo que no es tanto por la fiebre que según el medico llego a los 40°C, si quedo dormida es por los antipiréticos que le inyectaron vía intravenosa.

—Señor usted es su esposo de la señora. ¿Verdad?— Se acerca el doctor

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