—Creo que naciste para salvarme, Srta. E — detuve sus pasos antes de entrar del todo a la casa—. Gracias, una vez más.
—Salvar doncellas en apuros es una de mis pasiones — sonrió ladeado—. No tienes nada que agradecer, lo haría las veces que sean necesarias. Además, no interferiría si viera amor en tus ojos cada que ella aparece, pero está claro lo mucho que te desagrada esa mujer.
—Supongo que algo queda, pero amor y devoción ya no es — me quedé pensando por unos segundos—. Quizás solo se trat