Ángelo estaba impaciente; la única solución en su mente era que Esmeralda probara su propia medicina. Siempre había sabido que ella era culpable, pero no esperaba que llegara hasta este punto. ¿Tan malvada era? ¿Acaso había algo cálido en su corazón?
—¡Esmeralda, discúlpate ahora!
—¿Cómo piensas que me voy a disculpar? ¡No hice nada!
—¡Discúlpate, ahora!
Ángelo no quería tratar más con este asunto. Quería terminarlo lo antes posible, pero ella se estaba haciendo la difícil. Si los Don le ponían