Jerder y Nadin habían llegado a la casa de los Don, y hablaron durante horas. Mientras tanto, en las sucursales de los Clindy, una desgracia tras otra se desataba, alterando al viejo Clindy y dejándolo postrado en la cama. Ángelo, fuera de su control, no sabía qué hacer. No tenía idea de que todo eso podría ser descubierto de un solo desplome. Esmeralda, incesante en su búsqueda, intentaba dar con el paradero de Nadin, con la sospecha de que todo lo que sucedía tenía que ver con ella.
Uno de sus