Mundo ficciónIniciar sesiónLuego, en pleno sol, bajo el cielo azul, en un juego ruidoso y multicolor, entregados a la emoción de los tragos y los besos, de las vueltas canela y las prendas de vestir que volaban por los aires; le juré a Maya cumplir con mi última penitencia: Meterme al agua congelada del río. Con la rudeza y el brío de nuestros cuerpos, corrimos como una manada de toros salvajes, riendo y gritando ladera abajo, hacia el puente, derrochando todo el encanto de nuestra en







