Mundo de ficçãoIniciar sessãoAdal era como el buen vino, pasaban los años y él estaba cada vez mejor. Se bajó del auto que conducía Jordán, sonriendo, como siempre, llenando todo de luz con su esplendidez. Vestía una chaqueta marrón cerrada hasta el cuello, una bufanda negra, jeans oscuros y botas de montaña. Esa altura que me dominaba, ese cuerpo grueso y robusto, el cabello largo cubriendo las orejas, su barba negra y espesa. Luego de dos años, lucía







