—¿Cuándo pensabas decirme?
—No te enojes… —murmuró en respuesta con una expresión temerosa.
—¿Por qué no me lo contaste? —su voz era casi un gruñido mesurado y contenido. Permanecía estoico y a la vez desprendía un aura tan intimidante como un océano encolerizado y tempestuoso.
—Yo… —Temblaba para mantenerse estable ante él. Sentía débiles las piernas, apenas lograba contenerse de pie sin caer al suelo.
—Pudiste decirme... ¿Cuándo pensabas decirme que él vendría también? —La tomó de la barbi