Alexandre se sentó en la toalla y yo me tumbe poniendo mi cabeza en sus piernas mientras él acariciaba con suavidad mis pechos con su manos, jugando sus dedos con mis pezones, De vez en cuando nos miramos y me sonreía, preguntándome ¿qué tenía ese hombre para que fuera tan poderoso y me tuviera a mi haciendo lo que él deseaba? ¿Había perdido mi voluntad y el coraje que yo tenía, cuando él me pedía algo?
—- Escuchame Rebeca, quedan dos días para vuestra boda, no quiero que te toque, no quiero q