Mi esposo y yo nos quedamos mirándonos fijamente, hasta que el apretó sus labios a mis labios, aunque le di varios puñetazos para que se apartara, Danko era demasiado fuerte, cuando por fin separó sus labios, me miró con el ceño fruncido.
—- Aquí mando yo, que se te meta en la cabeza que soy tu esposo y se hace lo que digo o te juro que lo pasaras mal ¿y tu no quieres eso, verdad? —- me pregunto.
—- No soy tu criada, soy tu esposa y no puedes obligarme a nada —- le dije, escuchando cómo reía.
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