Derek Meyer
Desperte a mitad de la madrugada, saciado, pero sin saber exactamente en qué acababa de meterme. O si sabía, peor no quería admitirlo. Sin dudas la inseguridad se había convertido en parte de mi día a día.
Contemplé extasiado cada detalle del rostro de mi bonita amante, de su cabello azabache enredado sobre la almohada, su cuerpo esbelto y hermoso. Era una pintura de la más extravagante calidad.
La admiré en silencio, y seguía teniendo el mismo dilema de siempre, no sabía nada,