Érika Camel
Con un plan detallado y preciso de pautas a seguir decidí relajarme un poco. ¿Por qué no? Si de algo estaba segura, es de que me merecía estar tranquila después del terremoto de emociones de las últimas semanas, aunque sería más justo decir “meses de emociones convulsas”.
Me cepillé el cabello con cuidado, tratando de no pensar en nada. El espejo me mostró que a mi cabellera ciertamente le estaban favoreciendo grandemente las locas y descontroladas hormonas del embarazo. Ya qu