Ella no respondió con palabras, sino con un beso que decía todo lo que no podía expresar. Porque, aunque no quería admitirlo, en ese momento, Axara también sentía que le pertenecía a él, tanto como él a ella.
La luz tenue del amanecer se filtraba a través de las cortinas, envolviendo la habitación en un cálido resplandor. Axara estaba acostada sobre su abdomen, con las sábanas cubriéndole la parte baja de la espalda, mientras los dedos de Cael recorrían lentamente su piel desnuda, dibujando cír