Amanda llegó a su casa exhausta, sus pies dolían después de todo el día corriendo de un lado a otro. Cerró la puerta detrás de ella y dejó caer su bolso en el suelo, suspirando profundamente. En su mano llevaba un termo con comida, un remanente de la tensa cena que había tenido con Derek Ferrer.
—Papá, te traje algo de comer —dijo mientras entraba en la cocina, dejando el recipiente sobre la meseta.
—Gracias, hija, pero ya cené —respondió su padre desde la mesa, donde hojeaba un periódico amari