La puerta se abrió y Fidelia se congeló.
Sentada frente al elegante escritorio de cristal estaba Bridget, con las piernas cruzadas, riendo ligeramente mientras Sylvester se inclinaba, claramente entretenido.
Por un momento, Fidelia se quedó allí. Ella no esperaba que ella, de todas las personas, estuiera aquí, no hoy, ni con él.
"Esto lo cambia todo", pensó, su mente inmediatamente recalculó su próximo movimiento.
Su plan había sido simple: ganarse la confianza de Sylvester, lanzar su inversión