"¡Jajaja! ¡Cosa pequeña y fea! Viniste a causar problemas otra vez". Aino, que estaba recostada en los brazos de su madre, se comenzó a reír.
La persona que entró no era otra que Selene Lynn.
Las vendas blancas seguían envolviendo su cabeza, y se veía realmente como un payaso. Además, estaba muy delgada, sin una pizca de color o vida en sus mejillas.
Las palabras que decía Aino eran ciertas. Parecía una mezcla entre un fantasma y un payaso.
Sin embargo, a Selene no le importaba como Aino