¡Debía ser ella!
Asumiendo esto, se apresuraron a ese lugar sin perder un solo segundo.
¡Gracias a Dios! ¡Gracias a Dios!
¡Tuvieron la suerte de llegar a tiempo!
En ese momento, Sebastian abrazó a Sabrina con fuerza contra su pecho.
"Sebastian...". Sabrina comenzó a sollozar.
Ella muy pocas veces lloraba, pero justo ahora, tras ser abrazada por él, las lágrimas empezaron a correr por sus mejillas. "Sebastian, pensé... que nunca llegaría a verte, ni a nuestra hija otra vez. Sebastian.