‘¿Está intentando darme de comer la sopa?’. Sabrina se sintió incómoda con ese pensamiento, pero antes de que pudiera responder, Sebastian ya le había metido en la boca una cucharada de sopa de pescado. Sabrina no tuvo más remedio que comer obedientemente.
La sopa estaba a la temperatura perfecta, lo que la hacía fácil de ingerir. Los sabores estaban bien armonizados, y las rodajas de pescado tenían una textura muy agradable.
Sintió que todo su cuerpo se calentaba cuando la comida llegó a su