Todos en el pueblo sabían que aquella joven era sensata y trabajadora. Después de que Hector la llevara a casa, ella había estado lavando la ropa, cocinando y haciendo todas las demás tareas para él. La gente del pueblo le insistió a Hector: "Ella es demasiado joven. Envíala de vuelta con sus padres. Ya tienes a la viuda, así que no arruines a la joven".
¿Quién iba a saber que Hector diría lo siguiente? Hector sonrió. "¡Ya la he arruinado! No está dispuesta a volver. Tiene una madrastra en casa