Sabrina no apagó su teléfono a propósito. Su teléfono se había quedado sin batería.
En ese momento, ella yacía acurrucada en el sofá de su madre, llorando sin palabras. No tenía idea de que su teléfono estaba apagado.
Una a dos horas después, estaba exhausta de tanto llorar, casi deshidratada. Su madre le trajo un plato de sopa de verduras y le dijo en voz baja: “Sabbie, levántate y bebe algo, niña”.
Sabrina se sentó. Ella forzó una leve sonrisa en su rostro. "Mamá, estoy bien".
"Lo sé”. Glo