Ella lo empujó con todas sus fuerzas, rechazándolo.
Sin embargo, desde la antigüedad, siempre había existido una diferencia natural entre hombres y mujeres en términos de fuerza física.
Además, su rechazo provocó que él se animara más. Entonces, ella dejó de alejarlo. Apoyó las manos en su pecho con impotencia. “Sebastian, me temo…”.
Él se rio con frialdad. "¿De dónde sacaste el coraje cuando me cortaste la corbata hace un momento?". Con eso, antes de que ella pudiera decir algo, cubrió sus