Hannah despertó, aunque su cabeza seguía sintiéndose pesada. Parpadeó y se dio cuenta de que estaba en una habitación. Su cuerpo se sentía débil, e intentó incorporarse, pero la cabeza le daba vueltas.
—Dios mío... —susurró Hannah en voz baja.
Esperó unos minutos a que el mareo pasara. Entonces se preguntó... ¿dónde estaba?
Hannah se levantó y caminó tambaleándose hacia la puerta, mientras sus ojos recorrían la habitación con ventanas enrejadas. El cuarto estaba ordenado y limpio, pero ¿de quié