Por la mañana, al recordar todo lo que sucedió y la manera en que se comportó, Madison quiso escapar de los brazos de su marido al verlo profundamente dormido. Pero al sentir los movimientos, él se despertó y con ojos adormitados preguntó:
—¿Tratas de escaparte de mí?
—¿Cómo lo sabes? Digo… te equivocas, solo voy al baño. —Dijo, corrigiendo su error con una mentira.
—¿Te acompaño y repetimos lo de esta madrugada? —Propuso con tono de picardía.
—¡No, suéltame!
—Ah, te has vuelto t