—¡Francesco..!— Cristhofer frunce el ceño y se coloca de pie, pero siente un leve mareo, él se acerca a su hijo y lo sacude con preocupación —¡Hijo!— pero Francesco no despierta.
Lo cargó entre sus brazos y miró a su alrededor, la angustia ya se está apoderando de él. —¡Ayuda!— soltó un grito desgarrador, pero sus escoltas no respondieron a su llamado.
Al salir de la habitación de juegos, sus escoltas están en un profundo sueño, unos sentados y otros acostados en el suelo. —¿Qué carajos pasó?—