16. No puedo quererla
Chistopher
La abuela nos da una mirada reprobatoria nada más vernos llegar, no sé si es por la hora o porque no estoy usando la maldita silla.
—Llegan tarde— me dice, aunque sé que quiere decir algo más, pero por la cantidad de personas se abstiene.
—Nos atrasamos— le digo sin darle más explicaciones
Desde el momento en que tomamos asiento una cantidad importante de personas se giran en nuestra dirección, unos se acercan y saludan amablemente y otros tantos no tienen reparos en mirar a la mujer