Las cosas se estaban saliendo de control. Su plan perfectamente calculado estaba arruinado.
Las manos de Alistair se apretaron alrededor del volante mientras el coche avanzaba a toda velocidad por la carretera, lanzando grava detrás de él. Su respiración era irregular, no por miedo, sino por la rabia que había estado acumulándose durante años.
Desde que Alaric nació, nada volvió a ser igual. Antes de eso, él había sido suficiente. Era el único hijo y uno al que no tenían más remedio que aceptar