En las afueras de la ciudad, entrada la noche.
Natasha caminaba de un lado a otro por la habitación, con sus tacones resonando suavemente contra el suelo. No importaba cuántas veces girara, la inquietud en su pecho se negaba a desaparecer.
Vera había llegado hacía unos minutos. Estaba hablando con Alistair en la otra habitación, sus voces demasiado bajas para que Natasha pudiera escuchar con claridad. Eso solo la ponía más ansiosa.
Su hijo estaba acurrucado en el sofá, callado y retraído.
El pe