Isis carcajeó ante la noticia.
—Me muero por ver la cara de Gerald cuando lo hagas —expuso ladeando los labios—, deberías darle una lección —propuso—, en fin, ya te puedes marchar.
Myriam sonrió.
—¿Le ayudo con el pequeño?
Isis negó con la cabeza.
—No deseo que hagas esfuerzos, no quiero problemas —informó—, ya le pediré a una de las empleadas que lo lleve a la habitación, buenas tardes.
—Qué descanse —dijo Myriam y se retiró.
Con un adelanto que le hizo Isis de sueldo, Myriam deci