96. El amor está en el aire
Gregor y Anna estaban dentro del auto en silencio, la policía les había dejado ir por ser la primera infracción y con la promesa que no volvería a repetirse un altercado.
— Vamos, solo permíteme curarte.
— No hacía falta que compraras nada de esto ni que te preocuparas, ya lo haría yo en la casa.
— Quiero hacerlo yo, tú has estado conmigo, acompañándome y apoyándome.
— De acuerdo—, aceptó a regañadientes.
Con cuidado ella fue limpiando sus heridas, tenía una cortada en la ceja y una en el labio