27. Un malentendido
—Amber yo… En realidad, estoy…
Amber vio cómo el hombre que tenía delante la miraba fijamente lentamente se iba acercando más a ella.
Su corazón se aceleró, parecía haberse quedado sin aliento y siguió retrocediendo hasta quedar contra la pared.
—Estoy…
De repente, Amber lo empujó, seguida de una voz familiar.
— ¡Liam! Volvamos a casa, además que es la hora de cenar Brigitte está inquieta por Elizabeth.
— Tienes razón, Andrew es mejor volver.
Amber miró la espalda de Liam y se tocó la cara acal