Hanna despertó lentamente, se encontraba asustada, se sentó en la cama y luego llevó la mirada a su alrededor.
—Ya puedes estar tranquila, estás conmigo, Valentino se ha quedado en la otra casa, una de las mujeres de la casa ha curado tus heridas y te ha cambiado la ropa ensangrentada —Hanna giró la cabeza del otro lado de la cama observando a Enzo, quien se encontraba sentado en un cómodo sillón observando la fijamente.
—¿Por qué lo hiciste? —preguntó ella.
—¿A qué te estás refiriendo? —respo