El testamento inesperado de su padre no lo dejó dormir durante toda la noche. Tenía miedo que, aun después de muerto, el maldito viejo arruinara sus planes. Lo peor de todo era que faltaban pocas horas para la reunión y su niño aún no había bajado a desayunar.
Estaba muy preocupado por él, le había gritado por primera vez en su vida y se sentía la peor mierda del mundo. Pero Leónidas aún era muy pequeño para comprender que lo que hacía lo hacía por amor.
Las agujas del reloj avanzaban cada ve