—Entonces, si necesitas ayuda, avísame. En Ciudad Río, aunque no soy suprema, tengo bastantes relaciones que te pueden ayudar mucho. Has venido esta vez por asuntos de negocios, ¿no?
—Claro que sí. Si no, ¿por qué crees que he venido? —preguntó Sandra retóricamente.
Sandra contestó riéndose: —Creía que venías a reconocer tu ascendencia y a cambiarte el apellido por Fisher.
—Para mí eso no es necesario. Mientras tenga sangre de la familia Fisher en mis venas, soy descendiente de la familia Fisher